La llegada

Se despertó con una sonrisa en la cara. Casi parecía que había dormido sonriendo. Salió de la cama de un salto, se dio un duchado y se vistió en un dos por tres. Hirvió un par de huevos y se hizo un sandwich de pavo y queso. Sus movimientos eran rápidos. Terminó de desayunar, cogió la mochila y salió. Al cruzar el jardín liberó con la fuerza de sus pasos petalillos de dientes de león que se elevaron hacia el cielo como danzando, con armonía dignas de la naturaleza. Subió al Hyundai gris que había comprado hace algún tiempo por un monto asequible y mientras manejó por las calles  se sintió feliz. La vida lo había tratado muy bien, lejos de muchas cosas que amaba, pero bien al fin y al cabo.

Las señales de transito  indicaban  que había llegado al Aeropuerto de San pancho. Continuó lento mientras imaginaba ese encuentro, como si fuera “la primera vez”, lo cual era verdad y mentira de acuerdo a los ojos con los que se mire.

Se estacionó frente a la puerta de salida Numero 6. Tan pronto estuvo fuera del auto sintió la invitación de los 11 grados Celsius de ponerse una sudadera. Después de 20 minutos esperando, aquella invitación había cambiado a obligación. Apoyado a la puerta del copiloto miraba la gente salir. Habían personas de todas las razas y esa diversidad le gustó. “Tan diferentes fisicamente y sin embargo todos tenemos esa capacidad de sentir, de amar, de soñar, y aunque éstas nunca desaparecen, pocas se hacen tangibles. Algunos renuncian a ellas por miedo, y otros por razones que no necesariamente me incumben” -Pensó.

El siempre cavilaba, aveces por demás, a veces muy poco. Y ahora se encontraba en las mismas. Los minutos transcurrían y él no dejaba de pensar en como sus desiciones lo habían llevado tan lejos, literalmente. Y es que es así. Las opciones que tomes  pueden sacarte de tu comodidad y llevarte a lugares y situaciones que nunca has afrontado antes, que no sabes como resolver pero tienes que hacerlo de todas formas, empujandote a usar  tu ingenio mas allá de lo que en circunstancias normales lo harías. Estaba convencido que la emoción y dificultad de su vida, la diversidad de situaciones, las nuevas experiencias y los lugares increíbles   dependían del nivel de bravura de sus desiciones, pues mientras más aventadas más intensas las vivencias. Cual maestro le enseña al aprendiz, esto nos enseña sobre la vida.

Todo estos pensamientos atiborraban su cabeza hasta que la vió salir. Llevaba sólo una mochila al hombro y una pequeña maleta con rueditas. Usaba unos jeans, una chamarra, zapatillas y una gorra. Sus ojos se encontraron con los de él y sus almas se reconocieron. Era extraño que ella llevase esa gorra en la cabeza, sin embargo había un halo de complicidad entre ellos que eran lo únicos que sabían por qué.

Él la ayudo con su ligero equipaje, luego se subieron al auto. ya adentro parecía que se saludaban. Luego el motor se encendió y se confundieron entre las tantas historias de la vida que sucedían a su alrededor. diente-de-leon

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