Mi piel es para la batalla. La tuya, para las caricias.

Era una noche fría como casi todos los días de invierno. Entre toda la gente que abarrotaban  los distintos negocios y eventos  que tomaban lugar en la calle Harrison, en una de las esquinas más concurridas, Maximiliano trabajaba como cada fin de semana.

Cerca de la media noche, cuando la algarabía aún no llegaba a su punto mas álgido, cuando las drogas y el alcohol hacían que unos disfruten la noche y otros sobrelleven sus trabajos, el grito de indignación de algunos llamó su atención y salió inmediatamente. En el patio, casi en la vereda, una mujer intentaba reincorporarse después de haberse caído. Tenía unas facciones delicadas pero su semblante parecía bastante perturbado por el alcohol. La reconoció de inmediato.

Johana, una chica de cabellera negra y abundante, era amiga suya. Se habían conocido en la universidad. Al parecer los problemas con sus padres pesaban lo suficiente al punto de afectar  su desempeño en  varios ámbitos de su vida. La ultima vez que la vio fue al finalizar el segundo semestre, luego del cuál nunca la había vuelto a ver hasta esa noche.

Se apresuró en llegar hasta ella, la tomo de los hombros y la ayudó a incorporarse con cuidado mientras le preguntaba si estaba bien. A unos metros, en la pista, un taxi la esperaba. Al parecer sus amigos lo habían llamado así que la condujo hasta el automóvil y cerró la puerta. Dio media vuelta y reingresó entre toda la gente.

Dos Horas después salió del trabajo y se dirigió a casa pensando en que cuando llegase encontraría a su mujer probablemente durmiendo boca abajo contra la almohada. Caminó veinticinco minutos en medio de la noche, cruzó las calles, el gran parque que suele estar lleno de dientes de león por las mañanas y finalmente llegó a casa. Se detuvo en la entrada y alzó la mirada.  A cada lado de la puerta principal había una palmera y la luna estaba muy cerca de ellas. Aquella imagen era hermosa a pesar de la espesa neblina.

palmeras de noche.jpg

Abrió la puerta con mucho cuidado por que no quería despertarla haciendo ruido, sino besando su cuello. Se quitó la mochila, luego el abrigo y se acercó a ella. Se echó a su lado volcando su atención en esa humanidad femenina. Apoyado en uno de sus brazos comenzó a inmiscuir su nariz entre sus cabellos buscando la piel cálida de su cuello. Bajó la tela que cubría su hombro con cautela y la  beso. Sintió como su piel se erizaba en respuesta. Ella se dio vuelta. sus cuatros lunares entre su cuello, su hombro derecho y su pecho formaban un cuadrilátero muy seductor para él.

Mientras la calle estaba inundada por un ambiente calígino y poco perceptible, en el interior de la habitación la oscuridad ya no importaba, pues sus vistas, e incluso sus cuerpos, se las habían arreglado para percibirse el uno al otro. Maximiliano convirtió cada movimiento en una caricia y recordó una de las tantas frases que guarda como filosofía de vida:

“La piel de una mujer no esta hecha para la batalla, sino para las caricias.”

Quitó cada una de sus tres prendas con una mezcla de cuidado y tosquedad que ella amaba. La cogió por la cintura y finalmente la tomó. La distancia entre sus caderas se acortó hasta llegar a tocarse centenares de veces. Era un baile del amor tan perfecto que los unía, más no los alejaba. Era la vida en su estado más puro y natural, el amor en embullición, la energía hecha materia. Maximiliano encontraba fascinante seguir moviéndose a pesar de sentir que los músculos ya no le respondían. Finalmente sus cuerpos llegaron a un estado de placer y relajación tal que cayeron rendidos, casi inertes. Bueno, más ella que él. 

Tendidos en la cama, con la cabeza recostada en el pecho de él, al cabo de varios minutos ella se durmió. Maximiliano la contemplo por largo rato mientras pensaba en la vida. Él no era de abrazos y besos frecuentes, sin embargo daría la vida por ella si así lo exigía la situación. Ése era su amor de hombre. Protegerla.

Acarició su hombro, besó su frente y acercó sus labios a sus cabellos, muy cerca de su oreja y murmuró:

TE AMO.

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