!Levantate! ¿Qué esperas?

¿Y ahora? ¿Qué vas a hacer con tu vida? ¿Quieres vivir por vivir, sin conocer, sin aprender, sin mejorar? ¿Quieres pasar por este mundo como un alma más, sin trascender la barrera de la vida, sin legar a los que vienen después de ti tus ideas,  tus esfuerzos y tus descubrimientos? ¿Entonces para que viniste a este mundo? ¿Acaso para ser esclavo de lo común y vivir sin sentido? ¿Ya has encontrado aquello que mueva tus músculos aún cuando estos ya hayan alcanzado la fatiga?

Van a haber momentos difíciles, pues nadie golpea mas duro que la vida. Sin embargo, déjame decirte que cuando la adversidad se presente  es cuando el hombre debe demostrar de que esta hecho, sacar a flote su carácter, su disciplina y su coraje.  Es ahi donde debe seguir moviéndose, sin bajar la guardia ni  la cabeza, con voluntad. Si decides algo, ¡hazlo pues!. Tu decisión ya esta tomada y es  irrevocable. Así el mundo se venga abajo. No darás tu brazo a torcer, pues no es digno de ti.

Te has sentido triste y acongojado, has creído que ya no dabas para más y que los problemas te agobiaban?  ¿Te has caído? 

¡Levántate! 

¿Qué esperas?

¿Quieres que alguien más te tienda la mano? y si nadie lo hace ¿seguirás en el lodo? ¿lamentarás tus malas desiciones y pensarás “que hubiera sucedido si no me hubiera equivocado”? ¡No jodas pues!, o te paras y haces realidad tus sueños, o sigues donde estas, sumido en tus irresponsabilidades. Nadie te va a sacar de donde te has metido. Nadie va a asumir responsabilidades que no son suyas. Si te equivocas, es tu responsabilidad arreglarlo. De la misma manera, si no reparas el estropicio que has causado con tu vida, nadie lo hará. No vendrá “alguien mas” a ayudarte con lo que has roto.

Así que ¡Ponte de pie!, seca tus lagrimas si es que has llorado por tu situación, y comienza de nuevo si es necesario. Date otra oportunidad. Se bondadoso contigo, pero no confundas bondad con falta de carácter.

¡El sol brilla! ¡Es hora de continuar! 

¡Ve por todo!

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La dama del vestido Café

El sol ya casi moría. La plenitud del día iba desapareciendo con lentitud. Aquel hombre lo disfrutaba sentado en unas escaleras. A escasos metros una dama de vestido Café, de aspecto educado y buena presencia,  parecía platicar con ella misma en silencio. Así la percibía él por su rostro pensativo.

-Buenos días Señorita, ¿Qué la trae por aquí?- dijo el hombre del sombrero después de acercarse.

-Buenos días. ¿Por qué debería responder a su pregunta?- dijo ella con desconfianza.

-La he visto mirarme cuando estuve sentado en las barandas traseras. Sé que quiere responderme.

Ella sonrió y le respondió – Es una bella tarde y es más que suficiente para venir a este lado de la embarcación a disfrutarla.

-No lo dudo. No he venido los últimos días, sin embargo lo hago frecuentemente. Pero hoy tengo dos razones para estar aquí. Este bello atardecer y su presencia que  ha llamado mi atención. Pienso que Usted viene por aquí seguido.

-Pues su pensamiento es acertado.

-¿Por qué viene sola?¿Cómo es posible que no haya habido hombre que la quiera llevar de su brazo?

-Pues los han habido, pero me les negué.

-¿Por que negarse la oportunidad de conocer a las personas, y quizá, el amor?- replicó él un poco sugestivo.

-No me negué a conocerlos, sino a sus intenciones. De hecho eran bien parecidos. pero no llenaban mis expectativas.

-¿Acaso llenaba usted la de ellos?- respondió, consciente de lo incisivo de su pregunta.

Hubo un silencio. El aire olía a incomodad. Movieron sus miradas hacia el infinito océano que acogía en sus  brazos al sol mientras este parecía fundirse en él lentamente.

Intentó responder pero él la interrumpió.

– No me responda. No me ha visto antes pero yo a usted si. He visto el lenguaje de su cuerpo, y aunque mi conocimiento sobre ello sea escaso, es suyo al fin y al cabo. La  he visto también  caminar los últimos tres días por la cubierta, quizá dirigiéndose a este mismo lugar, mientras desayunaba con un  amigo mío. He admirado su silueta y me ha causado un deseo profundo de conocer quien era Usted. No me cabe duda que su belleza no es solo física, pues estoy convencido que tiene un mundo vasto en su interior, capaz de hacer suspirar en un descuido  hasta al mas precavido, hasta al mas conservador. Sus movimientos son suaves y delicados,  y su cabellera baila alegremente en armonía con sus pasos. Eso me gusta. Esto es un humilde cumplido.

-¿Trata usted de atraer mi atención con frases bien elaboradas?- contestó ella, evidentemente  halagada, hasta ruborizada, pero fiel a su costumbre pícara de responder.

-Querer solo su atención sería mediocre e indigno de mi persona. Prefiero tener también su compañía. De hecho quiero  invitarla sin rodeos a caminar  el día de mañana a la misma hora en este mismo lugar.

-lo pensaré- dijo ella en un tono ya más suave. 

-Pienso que usted no es una mujer que piensa mucho las cosas, sino que sopesa rápido y decide con cautela. Sé que no me equivoco. Y a pesar que dice que lo pensará, estoy seguro que la veré mañana por aquí. Me despido. Hasta entonces – dicho esto se quitó el sombrero he hizo una venia de respeto. A continuación se marchó confundiendose entre la gente.

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Carta en el tiempo

Había una vez una mujer de rasgos suaves, de buen corazón y alma profunda. Tenía las comisuras de sus labios bellamente armonizadas con su sonrisa, y los dientes muy blancos y en su lugar, lo cual gustaba aunque ella no lo quisiera. No se sabe que tipo de desiciones tomó en su corta vida, sin embargo hubo un momento, un punto específico que ella no quisiera volver a pasar pero que recuerda con nitidez.  A  las afueras de un hospital, en unas gradas cerca de un jardín, se sentó y lloró. Se sintió sola y desprotegida. Había tenido que pasar situaciones que ella hubiera deseado afrontar con aplomo al lado de alguien, quizás un hombre que la sepa guardar junto él y que ponga el pecho por ella, pero no lo tuvo. Solo se tenía a ella misma. Entonces se pregunto ¿Cómo había llegado hasta ahí?.

Al verla en esa situación desde un tiempo posterior, ahora yo me pregunto; Acaso no se supone que la vida debe ser bella, llena de experiencias que se acercan como horizonte al viajero? A pesar que ella tuvo muchos a su lado, aquellos no habían sido verdaderos, ni la amistad, ni lo que los unía, ni nada más que experiencias equivocadas que quizá debió vivir para darse cuenta de lo que realmente importa.

No me cabe duda que aprendió.

Ahora miro la escena años después y quiero abrazarla. Debo abrazarla. Mi instinto de protección me empuja a lo que yo reconozco como mi naturaleza de hombre. Pero a pesar de mis intenciones, no puedo hacer más que observarla e intentar entender, en mi pequeñez humana, su dolor. No podría entenderlo aunque quisiera, pues no es mi dolor y tampoco lo será. Ante tal situación, ella ya habiendo pasado todas esas circunstancias y ahora en ese momento de su vida, no puedo sino admirar su valor y fortaleza que si bien es cierto su piel no refleja, brota de su alma.  Si tan solo fuera posible que el tiempo se detuviera, si nuestros mundos no fueran lo que son y nuestras vidas no tuvieran senderos que se dispersan como de hecho lo hacen, cruzaría lo que nos separa, caminaría hasta ella y la abrazaría. Aunque es bien sabido que las cosas no mejoran por que sí, le haría saber que estoy ahí, que aunque la muerte tratase de separarme, encontraría la manera de volver, como buen caballero, contra viento y marea. Y aunque fisicamente lo anterior sea imposible, el aura de mi alma estaría como protección para que nunca jamas se sintiera otra vez desprotegida.

Eso es lo que yo haría.

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El vuelo de una Ilusión

25 de Marzo

Había caminado tanto a la orilla del mar que ya no sentía las piernas. La arena tibia sobre mis pies descalzos me daban una sensación de felicidad fugaz que se manifestaba en cada paso. El sol moría en el horizonte  sin querer morir y la tarde se convertía en noche aunque yo no lo quisiera. La brisa golpeaba mi cara irrespetuosa como solo la naturaleza lo podía ser. Tenia apenas dos días en San Francisco y con cada uno de ellos nacían mas sueños en mi. Imaginaba un futuro prometedor lleno de aventuras y éxitos. Sin embargo no todo lo que queremos es bueno para nosotros. A veces tenemos que decirle no a nuestros caprichos aunque estén camuflados de brillantes y prometan lo que tanto anhelamos.

¿Es acaso una prueba del de arriba lo que nos encontramos en el camino?.

29 de Agosto

Nunca entenderé el clima caprichoso de esta ciudad que acogió a mi padre durante siete años y que aun hoy me acoge sin chistar por que no le queda de otra. Abrí la puerta del consultorio oftalmológico y me sometí a los exámenes rutinarios para obtener una vez más mis tan preciadas gafas ignorando la noticia que, como a muchos les deparas, hoy lo harías conmigo. ¿Es que quieres ponerme a prueba y saber de que estoy hecho, o es esta tu forma de enseñarle al mundo que no somos nada más que hijos de la vida atrapados en un cuerpo que no nos pertenece y nunca nos pertenecerá, que lo único nuestro es el alma que nos regalaste y la voluntad para seguir a pesar de todo?

Siempre tuve la vista bastante deteriorada, mas por mi terquedad de no querer usar gafas que por la carga genética de la que hablaban los doctores cuando mi madre me llevaba al oftalmólogo con solo 9 años. Pero nunca imagine que las cosas empeorarían y llegarían al punto de realmente importarme. Debo aceptar que cuando uno es joven cree que lo puede todo, que no le pasara nada y que el cuerpo energizado por los pocos años tiende a olvidar las verdaderas responsabilidades. Sin embargo esto se acaba tarde o temprano, y yo me alegro de que haya sido mas lo primero que lo segundo: “Es posible que tengas glaucoma. Debo hacerte unos exámenes más para confirmar, pero hasta ahora hay un 50% de probabilidad”. Su voz retumbaba en mi cabeza como el Napoleón que solía percutar allá por mis 17 años. Siempre amé el sonido de la batería pero esta vez no me causaba gracia alguna. De acuerdo a las investigaciones que haría posteriormente, mi vista se iría apagando poco a poco hasta convertirse en una luz tenue que finalmente perdería por completo.

Salí apresurado hacia la calle llena de gente. Aun con la visión borrosa por las gotas me apresure a coger un taxi que llegó a la brevedad. El día estaba despejado augurando la calidez de septiembre. El sonido común de lo aviones sobre mi cabeza me recordaban aquellos días maravillosos en  las montañas de Colorado. Mi vida parecía perfecta, excepto por la idea de que en algún momento ya no podría ver. Fue entonces cuando mi visión de las cosas cambio y fui consciente de la limitación que eso suponía. Después de todo, lo que realmente me importaba se resumía en una pregunta: ¿Como iba a seguir escribiendo si no podría ver? ¿Qué iba a hacer ahora?. Esto solo significaba una cosa: Mis planes tenían que acortarse y ahora tenia menos tiempo para realizarlos. Quizá no tendría hijos por que no podría cuidar de ellos. Quizá no tendría ni vida. Después de todo mi pobre visión no era tan grave como mi soberbia. Igualmente ya no presenciaría los estropicios de mis acciones y mucho menos las experimentaría. ¿Cómo contribuiría a la sociedad si no seria capaz de usar algo tan preciado pero poco valorado?

No lo sé ahora y quizás nunca lo sabré.

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